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18th May 2004, 08:50 PM
PARA EL QUE NO ESTUVO DE ACUERDO CON AL ARTÍCULO DE EDGARDO SOTO "ROCK Y PERREO: UN JUNTE INEVITABLE", AQUÍ TIENEN UNA RESPUESTA A ESE ARTÍCULO:
El rock puertorriqueño... ¡¿y el perreo?!
Por Marcos Reyes (http://www.mannonnetwork.com/noctambulo/story_6116)
Existe una tendencia dentro de las “elites” del rock puertorriqueño de convertir al roquero en un mártir. Cada grupo de rock que logra hacer algo que tenga “relevancia”, ya sea el grabar un disco, ya sea el conseguir una buena y fiel fanaticada, o romper los estereotipos; rápidamente se le otorga el estigma de “poner el nombre del rock boricua al frente”. Más aún, se tiende a comparar al rock con otros géneros que, por distintas razones, gozan temporalmente de mayor exposición en Puerto Rico, como en este caso el reggaetón, y con los cuales no tienen nada que ver.
El roquero en Puerto Rico vive con un constante complejo de persecución, un constante temor de que “el rock está en peligro”, de que “la escena” no va para ningún lado. Vemos un concierto de reggaetón, de alguna orquesta de salsa, o de algún acto extranjero, lleno con miles de personas y la depresión se apodera del pobre roquero, que va a las presentaciones de su banda local favorita, y ve que raramente asisten más de 100 personas, y en la mayoría de las veces asisten menos de 50. Entonces, un sentimiento de “nacionalismo roquero y desesperado” se apodera de los seguidores de “X” o “Y” grupo e intentan meterle a su banda favorita por ojo, nariz y boca a todos los demás; y el que la critique, es porque “no apoya la escena”. De esta manera se forma una “santa inquisición”, y si no apoyas a cualquier banda de aquí, y si criticas algo, se te amenaza con boicotearte, y se te expulsa del circuito de “la escena”. Es una paranoia colectiva.
Muy pocos se toman el tiempo de distanciarse de las emociones, mirar el asunto objetivamente, y preguntarse: ¿Qué es, a mi entender, “la escena de rock puertorriqueña”? ¿Se trata de las bandas de rock que circulan en el subterráneo, sin contar ni interesarle el apoyo de promotores o de los medios de comunicación en masa del país?, o, ¿Se trata de todas las bandas, las firmadas por casas disqueras, las no firmadas, las subterráneas, las “mainstream”, las originales, las de “covers” y toda la que toque algo que esté en alguna manera relacionado con el rock? Realmente, al final, “la escena de rock puertorriqueña” viene a ser simplemente un concepto, una construcción que hacemos en nuestra mente, una idea. Tal vez, para un “punko”, la escena consiste de las bandas de punk, los ideales izquierdistas, tocando en cualquier barra, con un P.A. y los amplificadores pela’os. Tal vez, para otro la escena consta de los conciertos que se realizaban todos los viernes en el Hard Rock Café, cuando estaba abierto, y de todo el grupo de personas que se daba cita semanalmente allí. El punto es que la idea de “la escena” es diferente para todos.
¿Por qué entonces le otorgamos a la escena propósitos y pesos que no necesita, que no los tiene realmente? ¿Si la escena de rock puertorriqueño es una idea que tenemos, y existe sólo en las mentes de a quien le importa, cómo se va a encontrar en peligro? Los roqueros y los salseros ya estuvieron en disputa para la década de los años ochenta y, sin embargo, la escena y la industria del rock en Puerto Rico siguen existiendo, en su propia manera. Sin embargo, hoy día hay quienes argumentan que el rock boricua está amenazado por el reggaetón.
Edgardo Soto, muy conocido en las esferas roqueras del país por sus trabajos periodísticos para www.pulsorock.com (http://www.pulsorock.com) (muy buenos en su mayoría), es un partidario de esta creencia. Citando directamente uno de sus artículos, Rock y Perreo: un junte inevitable, Soto argumenta:
“... he podido confirmar lo que muchos sospechábamos: los roqueros están perreando. ¡Horror! –gritan los puristas, blandiendo sus discos de Iron Maiden y Nirvana como el cura de El Exorcista blandía su cruz ante la niña poseída que le vomitaba la cara. Pero, al igual que en la película, en la cual el cura logra exorcizar al demonio a costa de su vida, el rock boricua podría perder la vida en el combate contra el reggaetón”.
Soto alude a ejemplos que han dado participantes del foro en la página de Pulsorock en los que, en vez de resistirse, se “han dejado llevar por el perreo” y han disfrutado del momento. Argumenta que al rock de Puerto Rico le hace falta ese “erotismo” que tiene el reggaetón, y que es debido a esa carencia que el rock no tiene el mismo apoyo masivo. De ahí concluye, que el rock, para supuestamente sobrevivir, tendría que inevitablemente juntarse con el reggaetón. Pero antes de reflexionar sobre si el rock y el reggaetón deben unirse, haría falta el preguntarse: ¿Qué es exactamente lo que los separa? ¿Cuál es la mayor diferencia entre el rock y el reggaetón?
Además de la diferencia obvia, la música como tal, existe una mucho más profunda: el modo de producción. No se duda que los artistas de reggetón tienen arte en lo que a recitar sus letras se refiere. Pero grabar un disco de reggaetón es mucho más fácil y muchísimo más barato que grabar un disco de rock. Existe una industria completa, una maquinaria dedicada a producir estos discos de reggaetón en masa. Las pistas se hacen electrónicamente, el artista desborda sus líricas sobre las mismas, y el disco ya está hecho. Esta es una de las razones por las que la industria del reggaetón ha crecido tanto: bajos costos de producción y capitalización inmediata. Sin embargo, el proceso de grabación de un disco de rock es mucho más extenso y, en cierta manera, doloroso. Hay que grabar cada instrumento aparte, para cada uno hay que hacer una ecualización y mezcla (de la cual la batería es la más complicada y ardua) para, al final, volver a hacer otra mezcla de todos los instrumentos juntos. A esto se le suma el proceso creativo de la música rock, en el cual el músico siempre se enfrenta con el dilema de escribir algo original y con personalidad propia. Es un proceso con muchos más niveles de dificultad, razón por la cual, aquel que quiera grabar un disco de rock tiene muchas más cosas de que preocuparse, requiriendo mucho más dedicación y persistencia que cualquier disco de reggaetón.
A esto se le añade que los discos de reggaetón varían de artistas, pero no varían en género, al contrario del rock, donde cada exponente que sale tiene una propuesta musical totalmente distinta, puede variar en género (punk, pop rock, alternative, metal, etc.), puede variar en contenido lírico, puede variar en el sonido y en un sinnúmero de cosas. Quien va a comprar un disco de reggaetón tiene una idea mucho más clara y precisa de lo que va a comprar que quien va a comprar un disco de rock del cual no está muy seguro de si será lo que espera o no.
Soto además compara las antiguas supuestas “guerras” entre roqueros y salseros con la supuesta “guerra” de los roqueros y el reggaetón. Sin embargo, según recuerdo, el reggaetón está teniendo la misma exposición exagerada en los medios que tuvo el merengue y la bachata hace varios años. El merengue era el mayor enemigo del roquero y, ¿qué sucedió? Nada. El rock nunca llegó a tener el estatus del merengue en los medios, pero el merengue finalmente decayó, ¿y el rock? Sigue igual que siempre.
El rock puertorriqueño nunca ha necesitado gran exposición de radio. El que se toma la molestia de grabar un disco de rock, sí se interesa por difundirlo lo más posible y porque a la gente le guste, pero realmente lo hace porque le gusta, ya que es un proceso mucho más pasional y visceral que el de grabar uno de reggaetón. Al roquero en Puerto Rico no le importa que seamos un pueblo “bellaco”, ni que tengamos una disposición hacia el baile, y su principal motivación nunca es la de vender (esta podría ser en algunos casos secundaria o terciaria). Después de todo, para algo es que existen los diferentes géneros musicales. Para el que le guste bailar, está la salsa, para el que esté “bellaco”, pues está el reggaetón, y para el que quiera “roquear” pues está el rock.
En fin, poner al rock en competencia con el reggaetón es otorgarle un peso que realmente no necesita. El reggaetón es un fenómeno de masas, y realmente no surgió para tumbar al rock, ni para hacerlo desaparecer, sino porque apela a una comunidad muy amplia en nuestra Isla, a sus instintos más básicos, y por eso es mucho más fácil de distribuir y mercadear. Otorgarle a las bandas locales la cruz de “poner al rock de Puerto Rico en alto” es pretender que sean algo que no son. Puede que algún grupo en un futuro termine mezclando al rock con el reggaetón, y que lo hagan de forma genuina, pero decir que el futuro del rock en Puerto Rico depende de esto es, en cierta manera, hipócrita. Es pensar que el hecho de que un género no sea apoyado masivamente es inferior. Es pensar que el músico, el artista, debe preocuparse más por apelar a la mayoría, que por hacer la música que le sale del corazón. Mientras exista alguien en Puerto Rico que, voluntariamente, consiga su guitarra, se junte con un baterista un bajista y un vocalista, escriba sus canciones, y se las cante a alguien, el rock en Puerto Rico vivirá. Todo lo demás depende de cómo te muevas, cómo haces tu arte visible a los demás, y si los demás lo perciben y se identifican con él, eso ya son otros 20 pesos.
(Fuente (http://www.mannonnetwork.com/noctambulo/story_6116))
El rock puertorriqueño... ¡¿y el perreo?!
Por Marcos Reyes (http://www.mannonnetwork.com/noctambulo/story_6116)
Existe una tendencia dentro de las “elites” del rock puertorriqueño de convertir al roquero en un mártir. Cada grupo de rock que logra hacer algo que tenga “relevancia”, ya sea el grabar un disco, ya sea el conseguir una buena y fiel fanaticada, o romper los estereotipos; rápidamente se le otorga el estigma de “poner el nombre del rock boricua al frente”. Más aún, se tiende a comparar al rock con otros géneros que, por distintas razones, gozan temporalmente de mayor exposición en Puerto Rico, como en este caso el reggaetón, y con los cuales no tienen nada que ver.
El roquero en Puerto Rico vive con un constante complejo de persecución, un constante temor de que “el rock está en peligro”, de que “la escena” no va para ningún lado. Vemos un concierto de reggaetón, de alguna orquesta de salsa, o de algún acto extranjero, lleno con miles de personas y la depresión se apodera del pobre roquero, que va a las presentaciones de su banda local favorita, y ve que raramente asisten más de 100 personas, y en la mayoría de las veces asisten menos de 50. Entonces, un sentimiento de “nacionalismo roquero y desesperado” se apodera de los seguidores de “X” o “Y” grupo e intentan meterle a su banda favorita por ojo, nariz y boca a todos los demás; y el que la critique, es porque “no apoya la escena”. De esta manera se forma una “santa inquisición”, y si no apoyas a cualquier banda de aquí, y si criticas algo, se te amenaza con boicotearte, y se te expulsa del circuito de “la escena”. Es una paranoia colectiva.
Muy pocos se toman el tiempo de distanciarse de las emociones, mirar el asunto objetivamente, y preguntarse: ¿Qué es, a mi entender, “la escena de rock puertorriqueña”? ¿Se trata de las bandas de rock que circulan en el subterráneo, sin contar ni interesarle el apoyo de promotores o de los medios de comunicación en masa del país?, o, ¿Se trata de todas las bandas, las firmadas por casas disqueras, las no firmadas, las subterráneas, las “mainstream”, las originales, las de “covers” y toda la que toque algo que esté en alguna manera relacionado con el rock? Realmente, al final, “la escena de rock puertorriqueña” viene a ser simplemente un concepto, una construcción que hacemos en nuestra mente, una idea. Tal vez, para un “punko”, la escena consiste de las bandas de punk, los ideales izquierdistas, tocando en cualquier barra, con un P.A. y los amplificadores pela’os. Tal vez, para otro la escena consta de los conciertos que se realizaban todos los viernes en el Hard Rock Café, cuando estaba abierto, y de todo el grupo de personas que se daba cita semanalmente allí. El punto es que la idea de “la escena” es diferente para todos.
¿Por qué entonces le otorgamos a la escena propósitos y pesos que no necesita, que no los tiene realmente? ¿Si la escena de rock puertorriqueño es una idea que tenemos, y existe sólo en las mentes de a quien le importa, cómo se va a encontrar en peligro? Los roqueros y los salseros ya estuvieron en disputa para la década de los años ochenta y, sin embargo, la escena y la industria del rock en Puerto Rico siguen existiendo, en su propia manera. Sin embargo, hoy día hay quienes argumentan que el rock boricua está amenazado por el reggaetón.
Edgardo Soto, muy conocido en las esferas roqueras del país por sus trabajos periodísticos para www.pulsorock.com (http://www.pulsorock.com) (muy buenos en su mayoría), es un partidario de esta creencia. Citando directamente uno de sus artículos, Rock y Perreo: un junte inevitable, Soto argumenta:
“... he podido confirmar lo que muchos sospechábamos: los roqueros están perreando. ¡Horror! –gritan los puristas, blandiendo sus discos de Iron Maiden y Nirvana como el cura de El Exorcista blandía su cruz ante la niña poseída que le vomitaba la cara. Pero, al igual que en la película, en la cual el cura logra exorcizar al demonio a costa de su vida, el rock boricua podría perder la vida en el combate contra el reggaetón”.
Soto alude a ejemplos que han dado participantes del foro en la página de Pulsorock en los que, en vez de resistirse, se “han dejado llevar por el perreo” y han disfrutado del momento. Argumenta que al rock de Puerto Rico le hace falta ese “erotismo” que tiene el reggaetón, y que es debido a esa carencia que el rock no tiene el mismo apoyo masivo. De ahí concluye, que el rock, para supuestamente sobrevivir, tendría que inevitablemente juntarse con el reggaetón. Pero antes de reflexionar sobre si el rock y el reggaetón deben unirse, haría falta el preguntarse: ¿Qué es exactamente lo que los separa? ¿Cuál es la mayor diferencia entre el rock y el reggaetón?
Además de la diferencia obvia, la música como tal, existe una mucho más profunda: el modo de producción. No se duda que los artistas de reggetón tienen arte en lo que a recitar sus letras se refiere. Pero grabar un disco de reggaetón es mucho más fácil y muchísimo más barato que grabar un disco de rock. Existe una industria completa, una maquinaria dedicada a producir estos discos de reggaetón en masa. Las pistas se hacen electrónicamente, el artista desborda sus líricas sobre las mismas, y el disco ya está hecho. Esta es una de las razones por las que la industria del reggaetón ha crecido tanto: bajos costos de producción y capitalización inmediata. Sin embargo, el proceso de grabación de un disco de rock es mucho más extenso y, en cierta manera, doloroso. Hay que grabar cada instrumento aparte, para cada uno hay que hacer una ecualización y mezcla (de la cual la batería es la más complicada y ardua) para, al final, volver a hacer otra mezcla de todos los instrumentos juntos. A esto se le suma el proceso creativo de la música rock, en el cual el músico siempre se enfrenta con el dilema de escribir algo original y con personalidad propia. Es un proceso con muchos más niveles de dificultad, razón por la cual, aquel que quiera grabar un disco de rock tiene muchas más cosas de que preocuparse, requiriendo mucho más dedicación y persistencia que cualquier disco de reggaetón.
A esto se le añade que los discos de reggaetón varían de artistas, pero no varían en género, al contrario del rock, donde cada exponente que sale tiene una propuesta musical totalmente distinta, puede variar en género (punk, pop rock, alternative, metal, etc.), puede variar en contenido lírico, puede variar en el sonido y en un sinnúmero de cosas. Quien va a comprar un disco de reggaetón tiene una idea mucho más clara y precisa de lo que va a comprar que quien va a comprar un disco de rock del cual no está muy seguro de si será lo que espera o no.
Soto además compara las antiguas supuestas “guerras” entre roqueros y salseros con la supuesta “guerra” de los roqueros y el reggaetón. Sin embargo, según recuerdo, el reggaetón está teniendo la misma exposición exagerada en los medios que tuvo el merengue y la bachata hace varios años. El merengue era el mayor enemigo del roquero y, ¿qué sucedió? Nada. El rock nunca llegó a tener el estatus del merengue en los medios, pero el merengue finalmente decayó, ¿y el rock? Sigue igual que siempre.
El rock puertorriqueño nunca ha necesitado gran exposición de radio. El que se toma la molestia de grabar un disco de rock, sí se interesa por difundirlo lo más posible y porque a la gente le guste, pero realmente lo hace porque le gusta, ya que es un proceso mucho más pasional y visceral que el de grabar uno de reggaetón. Al roquero en Puerto Rico no le importa que seamos un pueblo “bellaco”, ni que tengamos una disposición hacia el baile, y su principal motivación nunca es la de vender (esta podría ser en algunos casos secundaria o terciaria). Después de todo, para algo es que existen los diferentes géneros musicales. Para el que le guste bailar, está la salsa, para el que esté “bellaco”, pues está el reggaetón, y para el que quiera “roquear” pues está el rock.
En fin, poner al rock en competencia con el reggaetón es otorgarle un peso que realmente no necesita. El reggaetón es un fenómeno de masas, y realmente no surgió para tumbar al rock, ni para hacerlo desaparecer, sino porque apela a una comunidad muy amplia en nuestra Isla, a sus instintos más básicos, y por eso es mucho más fácil de distribuir y mercadear. Otorgarle a las bandas locales la cruz de “poner al rock de Puerto Rico en alto” es pretender que sean algo que no son. Puede que algún grupo en un futuro termine mezclando al rock con el reggaetón, y que lo hagan de forma genuina, pero decir que el futuro del rock en Puerto Rico depende de esto es, en cierta manera, hipócrita. Es pensar que el hecho de que un género no sea apoyado masivamente es inferior. Es pensar que el músico, el artista, debe preocuparse más por apelar a la mayoría, que por hacer la música que le sale del corazón. Mientras exista alguien en Puerto Rico que, voluntariamente, consiga su guitarra, se junte con un baterista un bajista y un vocalista, escriba sus canciones, y se las cante a alguien, el rock en Puerto Rico vivirá. Todo lo demás depende de cómo te muevas, cómo haces tu arte visible a los demás, y si los demás lo perciben y se identifican con él, eso ya son otros 20 pesos.
(Fuente (http://www.mannonnetwork.com/noctambulo/story_6116))