Haunted
17th September 2005, 10:02 AM
... :rolleyes:
Tomado de www.endi.com
Por las calles de Puerto Rico se pasean unos 22,655 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años, que además de ser desertores escolares no trabajan, dejándole al País una pesada carga económica y social.
El revelador dato se desprende del Estudio Descriptivo de las Características Demográficas de la Población de Edad Escolar según el Censo de 2000, realizado por la demógrafa Judith Rodríguez Figueroa a petición de la Asociación de Maestros.
La investigación fue comisionada por la organización magisterial con el interés principal de determinar el porcentaje real de deserción escolar en el País, que las voces oficiales aseguran alcanza el 40%, aun cuando el Departamento de Educación (DE) ha aceptado que no cuenta con un sistema eficiente para hacer el cálculo.
Según Rodríguez Figueroa, si en realidad hubiera un 40% de deserción escolar, habría 320,000 jóvenes sin empleo ni diploma de escuela superior en la sociedad puertorriqueña, lo cual entiende es incorrecto.
“Como demógrafa me atrevo a decir que la deserción en Puerto Rico está en menos del 10%”, afirmó Rodríguez Figueroa.
A falta de información del DE, la demógrafa utilizó datos del Censo de 2000 para determinar cuántos de los 247,452 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años -restando a 483 destacados en las fuerzas armadas- estaban matriculados en la escuela. La población en estas edades está clasificada en el Censo como la de mayor riesgo de dejar la escuela, a diferencia de en el DE, que la identifica en los grados intermedios.
Rodríguez Figueroa encontró que de los 34,697 jóvenes que dijeron no estar cursando estudios, sólo 12,042 estaban trabajando. Los restantes 22,655 (entre los que podría haber enfermos e incapacitados) se calificaron como “ociosos voluntarios” porque no estudian, no trabajan ni terminaron la escuela superior.
Según el estudio, Culebra, Sabana Grande, Corozal, Dorado, San Germán, Ciales, Arroyo, Ponce, Lajas y Naguabo tienen la proporción mayor de jóvenes bajo esta categoría.
“El impacto social negativo de esta población es grande, social y económicamente. Pueden estar en actividades delictivas o dependientes del Gobierno. Además, (la cifra) es acumulativa”, señaló la demógrafa.
Por su parte, el sociólogo Pedro Vale estimó que la cantidad de jóvenes desempleados y fuera de la escuela podría ser mucho mayor a la estimada por Rodríguez Figueroa, debido a que hay que tomar en cuenta cómo el sistema va perdiendo estudiantes a lo largo de los 12 años de estudio.
No obstante, coincidió en que, independientemente de la cifra, el peso que ejercen en la sociedad es enorme.
Entiende que estos jóvenes son muestra de uno de los grandes problemas que históricamente ha vivido Puerto Rico: la gran cantidad de gente que vive del Estado.
“El que no está ocupado, no es productivo, tiene que vivir de algo y generalmente vive a base del sistema de asistencia”, dijo al señalar que muchos de éstos jóvenes terminan encontrando en el Gobierno a su “plan de retiro”, quizá sin haber intentado siquiera unirse a la fuerza laboral.
“(El muchacho) deja la escuela pero tiene asegurado alimento, dinero para algunas cosas, no lo que quisiera, pero tendrá algún tipo de ayuda y realmente no va a estar en una situación tan precaria de no conseguir ni para comer. Siempre va a tener algún tipo de alivio”, planteó.
El estudio de Rodríguez Figueroa fue presentado ayer durante una vista pública de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Representantes, que preside Albita Rivera.
Dicha comisión realiza un estudio para determinar cuál es el porcentaje real de deserción escolar y cómo el DE maneja esta información.
Para Díaz, quien asistió a las vistas para presentar el estudio junto a Rodríguez Figueroa, aclarar de una vez la magnitud del problema de la deserción es vital para que se enfoquen los recursos de forma correcta y costo eficiente, tomando en cuenta las limitaciones financieras del DE y el Gobierno en general.
La educadora lamentó que a falta de un procedimiento eficiente para ofrecer información fidedigna, se le ofrezca al País información que entiende desmoraliza al sistema de educación pública.
El mayor problema que tiene la agencia, sostuvo, es que no lleva cuenta de los estudiantes que se cambian de escuela, se van del País o ingresan a una institución privada.
Díaz ofreció a la comisión copia de una carta que el ex secretario de Educación, César Rey, dirigió al gobierno federal en julio de 2003 indicando que la información sobre los estudiantes dados de baja, que pudieran ser equivalentes a los desertores escolar, estaba bajo evaluación.
“Independientemente de que entendamos que el porcentaje de deserción es menor a un 40%, es aún alarmante e inaceptable por la inversión multimillonaria que el País le dedica a la educación”, afirmó Díaz.
“Yo, maestra, me atrevo a decir que la escuela no está satisfaciendo las necesidades de los estudiantes”, sentenció al preguntársele por qué entiende que los jóvenes abandonan la escuela.
Los diez municipios con los mayores porcentajes de personas entre 16 a 19 años que no tenían diploma de escuela superior, según el Censo más reciente, son Vieques, Adjuntas, Guánica, Ciales, Camuy, Aguas Buenas, Hormigueros, Manatí, Yauco y Utuado.
El DE no estuvo disponible ayer para ofrecer más información.
Sin embargo, es conocido que la discusión sobre la deserción escolar fue punta de lanza del Partido Popular Democrático durante la campaña eleccionaria, tanto así que aumentar la retención de estudiantes es una de las prioridades del DE este cuatrienio.
Uno de los primeros proyectos de la agencia este año fue la inauguración del primer centro para atender a los desertores escolares en Loíza.
Tanto Díaz como Rodríguez Figueroa sugirieron a la Comisión de Educación y Cultura que solicite al Censo que vuelva a incluir datos sobre el analfabetismo y escolaridad (en todos los grados), instrumentos valiosos para comprender la situación real del problema de la deserción.
Precisamente, una de las limitaciones que enfrentó la demógrafa es que el Censo más reciente no contiene los mencionados datos, lo cual limitó que se pudieran calcular las tasas de rezago y progresión escolar por edad.
“Es pertinente indicar que aunque la información que ofrece el Censo no es precisa sobre la deserción escolar en Puerto Rico, levanta una alerta sobre la situación que pudiera estar ocurriendo en la Isla”, afirmó Díaz en su ponencia.
Dentro de las próximas dos semanas, la Asociación presentará ante la comisión un informe con recomendaciones sobre cómo lidiar con la deserción escolar.
La representante Rivera destacó que la Resolución de la Cámara 1039, para recopilar datos certeros sobre el problema social, no son parte de una “cacería de brujas” sino parte de un esfuerzo para dirigir los recursos donde más se necesitan.
Por las calles de Puerto Rico se pasean unos 22,655 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años, que además de ser desertores escolares no trabajan, dejándole al País una pesada carga económica y social.
Tomado de www.endi.com
Por las calles de Puerto Rico se pasean unos 22,655 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años, que además de ser desertores escolares no trabajan, dejándole al País una pesada carga económica y social.
El revelador dato se desprende del Estudio Descriptivo de las Características Demográficas de la Población de Edad Escolar según el Censo de 2000, realizado por la demógrafa Judith Rodríguez Figueroa a petición de la Asociación de Maestros.
La investigación fue comisionada por la organización magisterial con el interés principal de determinar el porcentaje real de deserción escolar en el País, que las voces oficiales aseguran alcanza el 40%, aun cuando el Departamento de Educación (DE) ha aceptado que no cuenta con un sistema eficiente para hacer el cálculo.
Según Rodríguez Figueroa, si en realidad hubiera un 40% de deserción escolar, habría 320,000 jóvenes sin empleo ni diploma de escuela superior en la sociedad puertorriqueña, lo cual entiende es incorrecto.
“Como demógrafa me atrevo a decir que la deserción en Puerto Rico está en menos del 10%”, afirmó Rodríguez Figueroa.
A falta de información del DE, la demógrafa utilizó datos del Censo de 2000 para determinar cuántos de los 247,452 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años -restando a 483 destacados en las fuerzas armadas- estaban matriculados en la escuela. La población en estas edades está clasificada en el Censo como la de mayor riesgo de dejar la escuela, a diferencia de en el DE, que la identifica en los grados intermedios.
Rodríguez Figueroa encontró que de los 34,697 jóvenes que dijeron no estar cursando estudios, sólo 12,042 estaban trabajando. Los restantes 22,655 (entre los que podría haber enfermos e incapacitados) se calificaron como “ociosos voluntarios” porque no estudian, no trabajan ni terminaron la escuela superior.
Según el estudio, Culebra, Sabana Grande, Corozal, Dorado, San Germán, Ciales, Arroyo, Ponce, Lajas y Naguabo tienen la proporción mayor de jóvenes bajo esta categoría.
“El impacto social negativo de esta población es grande, social y económicamente. Pueden estar en actividades delictivas o dependientes del Gobierno. Además, (la cifra) es acumulativa”, señaló la demógrafa.
Por su parte, el sociólogo Pedro Vale estimó que la cantidad de jóvenes desempleados y fuera de la escuela podría ser mucho mayor a la estimada por Rodríguez Figueroa, debido a que hay que tomar en cuenta cómo el sistema va perdiendo estudiantes a lo largo de los 12 años de estudio.
No obstante, coincidió en que, independientemente de la cifra, el peso que ejercen en la sociedad es enorme.
Entiende que estos jóvenes son muestra de uno de los grandes problemas que históricamente ha vivido Puerto Rico: la gran cantidad de gente que vive del Estado.
“El que no está ocupado, no es productivo, tiene que vivir de algo y generalmente vive a base del sistema de asistencia”, dijo al señalar que muchos de éstos jóvenes terminan encontrando en el Gobierno a su “plan de retiro”, quizá sin haber intentado siquiera unirse a la fuerza laboral.
“(El muchacho) deja la escuela pero tiene asegurado alimento, dinero para algunas cosas, no lo que quisiera, pero tendrá algún tipo de ayuda y realmente no va a estar en una situación tan precaria de no conseguir ni para comer. Siempre va a tener algún tipo de alivio”, planteó.
El estudio de Rodríguez Figueroa fue presentado ayer durante una vista pública de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Representantes, que preside Albita Rivera.
Dicha comisión realiza un estudio para determinar cuál es el porcentaje real de deserción escolar y cómo el DE maneja esta información.
Para Díaz, quien asistió a las vistas para presentar el estudio junto a Rodríguez Figueroa, aclarar de una vez la magnitud del problema de la deserción es vital para que se enfoquen los recursos de forma correcta y costo eficiente, tomando en cuenta las limitaciones financieras del DE y el Gobierno en general.
La educadora lamentó que a falta de un procedimiento eficiente para ofrecer información fidedigna, se le ofrezca al País información que entiende desmoraliza al sistema de educación pública.
El mayor problema que tiene la agencia, sostuvo, es que no lleva cuenta de los estudiantes que se cambian de escuela, se van del País o ingresan a una institución privada.
Díaz ofreció a la comisión copia de una carta que el ex secretario de Educación, César Rey, dirigió al gobierno federal en julio de 2003 indicando que la información sobre los estudiantes dados de baja, que pudieran ser equivalentes a los desertores escolar, estaba bajo evaluación.
“Independientemente de que entendamos que el porcentaje de deserción es menor a un 40%, es aún alarmante e inaceptable por la inversión multimillonaria que el País le dedica a la educación”, afirmó Díaz.
“Yo, maestra, me atrevo a decir que la escuela no está satisfaciendo las necesidades de los estudiantes”, sentenció al preguntársele por qué entiende que los jóvenes abandonan la escuela.
Los diez municipios con los mayores porcentajes de personas entre 16 a 19 años que no tenían diploma de escuela superior, según el Censo más reciente, son Vieques, Adjuntas, Guánica, Ciales, Camuy, Aguas Buenas, Hormigueros, Manatí, Yauco y Utuado.
El DE no estuvo disponible ayer para ofrecer más información.
Sin embargo, es conocido que la discusión sobre la deserción escolar fue punta de lanza del Partido Popular Democrático durante la campaña eleccionaria, tanto así que aumentar la retención de estudiantes es una de las prioridades del DE este cuatrienio.
Uno de los primeros proyectos de la agencia este año fue la inauguración del primer centro para atender a los desertores escolares en Loíza.
Tanto Díaz como Rodríguez Figueroa sugirieron a la Comisión de Educación y Cultura que solicite al Censo que vuelva a incluir datos sobre el analfabetismo y escolaridad (en todos los grados), instrumentos valiosos para comprender la situación real del problema de la deserción.
Precisamente, una de las limitaciones que enfrentó la demógrafa es que el Censo más reciente no contiene los mencionados datos, lo cual limitó que se pudieran calcular las tasas de rezago y progresión escolar por edad.
“Es pertinente indicar que aunque la información que ofrece el Censo no es precisa sobre la deserción escolar en Puerto Rico, levanta una alerta sobre la situación que pudiera estar ocurriendo en la Isla”, afirmó Díaz en su ponencia.
Dentro de las próximas dos semanas, la Asociación presentará ante la comisión un informe con recomendaciones sobre cómo lidiar con la deserción escolar.
La representante Rivera destacó que la Resolución de la Cámara 1039, para recopilar datos certeros sobre el problema social, no son parte de una “cacería de brujas” sino parte de un esfuerzo para dirigir los recursos donde más se necesitan.
Por las calles de Puerto Rico se pasean unos 22,655 jóvenes entre las edades de 16 a 19 años, que además de ser desertores escolares no trabajan, dejándole al País una pesada carga económica y social.